Late. Late agazapado, adentro tuyo, ansioso, acelerado. Late, y si lo parás no hay vuelta atrás, así que… ¡liberalo! Dejalo fluir, como una fuerza arremolinada en el epicentro mismo de tu ser. ¡Dejalo que te convulsione, que te rompa en mil pedazos! ¡Dejalo que te vacíe de emoción y luego te tire al abismo! ¡Entregate, furioso y enajenado a la pasión que brota de tu garganta! ¡Pegate, pegame, matate, matame! ¡No vaciles más! Te ves, acá, en tu versión más carnal, más primitiva, ¡no te tirés para atrás! ¡Dejá de pensar y empezá a ser! Sentite en cada célula como el animal que sos, abrite paso entre los barrotes de tu jaula, corré hacia la libertad. Olvidate del pasado y no pienses más en el futuro. ¡Corré, corré, corré!
Late. Y en vos está dejarlo salir.
domingo, 16 de mayo de 2010
Soy o Estoy
Soy Mariana Radisic. ¿Qué soy? Soy lo que pienso y soy lo que siento. Soy materia y esencia, una posibilidad en infinitas, los que amé y los que odié, mi niña y el adulto pujante. Soy la responsabilidad y la corazonada. Soy la que anhela un cambio para bien y soy la que lucha para lograrlo. Soy el sur, el norte, los meridianos. Voy pateando y cambiando mis rumbos, siempre para adelante. Soy Latinoamérica, y, de a ratos, soy Europa. Tengo a la naturaleza por madre y a un mundo feroz por padre. Soy el nombre que otra mente pensó para mí y también soy los nombres que les dí a las cosas. Soy los miedos y las esperanzas de una generación arrebatada. La que no calla, la que entiende que las palabras a veces están de más. Soy las promesas incumplidas y la lucha por cumplirlas. Soy la dicotomía entre inteligencia y felicidad, soy los fantasmas de los amigos perdidos. Soy un mate a las cinco y un abrazo cuando las lágrimas caen. También, a veces, soy la inexperiencia, el dolor, un barco que parte. Puedo ser la decepción, una tristeza. Puedo ser motivo de llanto y de carcajadas. Y descubrí que eso no es malo y que mientras busque ser un buen ser, nada me va a tumbar. Pues soy la puja entre el bien y el mal, mi lado humilde y mi soberbia, mi cabeza y mi alma y cuerpo.
Soy lo que soy, y lo que soy, no se define por lo que hago. ¿Cuántas personas allá afuera hacen sin sentir, encierran sus pensamientos, aíslan su ser, su esencia? Tantas almas que perdieron su rumbo, y yo, Mariana, tan fuerte y tan débil, gris y blanca y negra busco el mío, alejándome del rebaño y del pastor, y siempre enfilando hacia un mañana mejor.
Soy lo que soy, y lo que soy, no se define por lo que hago. ¿Cuántas personas allá afuera hacen sin sentir, encierran sus pensamientos, aíslan su ser, su esencia? Tantas almas que perdieron su rumbo, y yo, Mariana, tan fuerte y tan débil, gris y blanca y negra busco el mío, alejándome del rebaño y del pastor, y siempre enfilando hacia un mañana mejor.
lunes, 21 de diciembre de 2009
viernes, 18 de diciembre de 2009
martes, 8 de diciembre de 2009
último tango
Nos acercamos lentamente, aniquilándonos con la mirada. Cada paso más cerca, y ahora tu mano, tu mano que rodea mi núbil cintura y yo te agarro, fuerte (tanto odio), del hombro, acércate, lejos mío. Suena ya el sonido del pivot, y nos arremolinamos en el centro del mandala. Por qué te vas. Por qué no. Los párpados cayendo, el olor del cedro en mi pecho, que ahora se presiona con el tuyo mientras me conducís con brío hacia el punto sin retorno, el crepúsculo de tus labios. Por qué te vas. Ni yo lo sé. ¿Me amás? Si el amor es correr hacia el destino, si el amor es la lluvia, y tus besos, y el no saber, sí, te amo. Nunca una respuesta sencilla. La vida no lo es. Tus brazos se abrieron, te rodée con mi cuerpo (ojos de felina embaucada) y en ese momento, la calma furiosa, el clamor mudo de mi tempestad. Quedate conmigo. Vení conmigo. Y de nuevo hacia tu seno, a tu calor y a la distancia ardiente, vino tinto corriendo, taurino, por mis venas. No sos vos, soy yo. Enganche frenético. Qué hijo de puta. No me mires así. Yo necesito mutar, y vos decidís quedarte. Yo no me quedo, vos me dejás atrás, que es muy distinto. Distinto, el amor, qué distinto. Distinto, e igual al peso del mundo, igual al dolor de tu boca sabor canela besándome suavemente en el cuello. Te quiero. No te vayas. Y de nuevo a rodearte, y a salir y una vez más me traés hacia vos. Este tango, miel, es como nosotros. Es el desamor del mundo y el amor de tus palabras, la paz pasional de tu ser. No puedo vivir sin vos. Tendrás que aprender. El sonido del violín rasgo el aire viciado de penas y olvido y nuestro último tango quedó atrás. Me besaste la mano, tus labios deteniéndose un instante en mis nudillos, el corazón que latía sin latir. Con el corazón en un puño, te ví descender por el caminito de tierra y olvido, hacia dónde no lo sé, y sola, en aquella milonga que ahora era de fantasmas, bailé conmigo misma, aprendiendo a amarme sin tu reflejo, a vivir sin tus palabras, aprendiendo, por fin, a vivir sola.
el momento de estar juntos
Aminoro el paso a medida que llego, no sea cosa de que el tiempo se delinee en una espiral perversa, curvilínea y esquiva, y nos volvamos a desencontrar. Camino e inhalo profundo para apaciguar la cadencia de mis jadeos, pero una vez más mi corazón se acelera, y sin importar cuánto oxígeno bombee a mi perturbada cabeza, siempre me llega, imponente e inevitable, el mareo. Desacelero aún más el ritmo de mis pasos y me detengo –por premeditada casualidad- en el pórtico de tu alma. Anudo mis pies, no sea cosa que me de por huir en el momento más inoportuno, y miró a través del cristal unos instantes, la vigilia, las ansias y la espera en mi mirada. Miro la hora presa de mi muñeca (¿o mi muñeca presa de la hora?) y con la mirada gacha vuelvo a caminar. Tal vez, un día de estos la casualidad, el destino y mi reloj le peguen en el centro a la diana de tus ojos color pradera, y finalmente, sea el momento de estar juntos otra vez.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
